martes, 28 de septiembre de 2010

1: Osagha: inesperada contingencia…


Sed… mi cuerpo está sediento
También lo esta mi espada
Insaciable ella se ha vuelto
Tras la muerte con cada cortada

Poco a poco mi vista se aclara y el rojo desaparece
La furia en mi es precedida por la calma
La respiración fuerte y de acelerada frecuencia reclama
El sentir del descansar en la comodidad de una cama

Si bien mi vista se torna clara tras el rojo lente
Es mas fuerte el rojizo color que cubre mi espada
Vuelve aquel demonio y en mi moral se hace presente
El vislumbrar cuerpo en el piso y garganta degollada

Cae mi espada y mi mano tiembla
Se van los colores, el ruido, las sensaciones
Mi boca se torna seca y mis manos se lavan en sudor
Caigo de rodillas y de mi boca sale todo el mal que he causado

Familias sin padres, sin hijos, sin hermanos
Todo gracias a mi actuar intransigente
Ante la orden de aquel que se cree no actua en vano
Y posee la sabiduría de un regente

Una mano se posa sobre mi hombro mientras lagrimas caen
Apenas sentirla puedo a través de la malla de mi armadura
Una voz serena se hace presente después de mi descontrol
Y me disuade de levantarme, y monte en su cabalgadura

Soy un muerto, uno que camina, llora y siente
Sin control pasan constantes imágenes por mi mente
de lo hecho en batalla, de aquello que se siente
como con un yo hecho todo un demente

cuando hago consciencia de mi
advierto mi posición elevada como ginete
un nuevo panorama observo del ambiente
y me parece increíble en un solo lugar tanta muerte

pero ya no es de mi la tristeza
el alivio gobierna mi corazón
pues estar vivo y sentirme con entereza
hace que mi orgullo, como guerrero, se enaltezca

miro la cabalgadura que me transporta
y creer lo que ven mis ojos no puedo
ensuciando mi armadura con sangre está
los adornos de lo que fuera digno de la realeza

advierto que el caballo es halado por mi rey
y tras nosotros vienen hombres ilesos como yo
pero sin rasguño y mancha alguna de sangre
pues de la batalla no fueron participes

pero vaya sorpresa mía al recibir reverencia
de aquel por el cual mi vida estaba dispuesto a dar
y es que de mi en el momento no era la consciencia
de aquello valeroso que en su momento fue mi actuar

aun asi la vergüenza transcurre en mi pensar
pues indigno me considero de aquel cabalgar
en la montadura del rey y tras eso ensuciar
con la sangre del enemigo que acaba de batallar

cuando intento el papel de jinete dejar
me persuade un soldado con su arco al hombro
y de mi señor suplica con su cabeza agachar
que mantenga en la montadura “mi señor Juzticar” …

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